Él andaba tumbado en la cama, boca arriba, con los cascos puestos sintiendo las vibraciones de la música con fuerte volumen en sus tímpanos. Se destrozaba los pulmones en cada calada a su cigarro. Nunca había contado el promedio de aspiraciones y espiraciones por cigarrillo. Cerró los ojos y recordó aquella vez cuando, de camino a casa vio una furgoneta blanca, a las 3 de la madrugada, moverse cual balón de baloncesto botado por un jugador inexistente al son de unos gemidos de partido de tenis femenino. Amantes que en la noche se demostraban el mucho o el poquísimo amor que se tenían. Él corrió al borde de un ataque de ansiedad. Abrió los ojos y se dio cuenta de que el sol había salido y sus pies estaban helados.
Ella volvía a casa con un chico. Era alto, moreno y atractivo, y Ella no podía dejar de imaginar cómo acabaría la noche. Ambos reían y daban tumbos gracias a las copas que llevaban de más. Ella agarrada a él y dándole besos con cada paso que daban. Llegaron a la furgoneta del joven, blanca, en la que desataron sus pasiones y se dejaron llevar por el deseo sexual. Eran las 3 de la mañana y no se cortaron ni un pelo en gritar al mundo lo muy bien que se lo estaban pasando. De pronto, se detuvieron en su acto al oír unos pasos corriendo. Se alejaron, por lo que siguieron haciendo caso omiso. Los amantes se divirtieron. Él, en cambio, sufrió en la noche cada gemir de su amor tan deseado al notarlo hacer vibrar sus tímpanos.
"Alcohol may be man's worst enemy, but the Bible says love your enemy" Frank Sinatra.
sábado, 27 de agosto de 2011
jueves, 28 de julio de 2011
Despertar.
Hasta que un día te levantas de la cama, te miras al espejo en gayumbos y dices: ¡Que le den por culo a todo!
Te pones unos vaqueros, unas converse, una camiseta blanca y tu chaqueta de cuero negro, esa que tanto te gusta, vas al estanco más cercano, compras tabaco para un regimiento, te sientas en un banco, enciendes uno y esperas mirando a la gente pasar. Una chica desconocida, de buen ver, se sienta en el mismo banco que tú y no precisamente por casualidad. El resto, escríbanlo ustedes mismos en su imaginación.
Te pones unos vaqueros, unas converse, una camiseta blanca y tu chaqueta de cuero negro, esa que tanto te gusta, vas al estanco más cercano, compras tabaco para un regimiento, te sientas en un banco, enciendes uno y esperas mirando a la gente pasar. Una chica desconocida, de buen ver, se sienta en el mismo banco que tú y no precisamente por casualidad. El resto, escríbanlo ustedes mismos en su imaginación.
jueves, 21 de julio de 2011
Presente imperfecto.
Que nuestros toques pierdan el sentido y nuestras caricias cobren ternura.
Que sus manos, suaves y delicadas, se deslicen por las mías, bastas y destrozadas por el nerviosismo.
Que sus uñas opriman suavemente las yemas de mis dedos.
Que al tocar su piel, se erice mi vello y al levantar la mano, siga exigiendo ella mi calor.
Que apriete su cabeza contra mi cara y me pida ,sin palabras, besos en el pelo
a veces con olor a vainilla, otras con olor a almendras.
Que se cobre su parte de cariño extendiendo su brazo.
Que mi cuello sienta sus labios y dientes, y mis brazos sus mordiscos.
Que se abrace a mí por la espalda y me tienda una emboscada para la que no estoy preparado nunca.
Que a mi susurro de "te quiero" conteste tímidamente "y yo" y sonría.
Mientras tanto, sonará un piano al crepúsculo eterno, abrazados.
Que sus manos, suaves y delicadas, se deslicen por las mías, bastas y destrozadas por el nerviosismo.
Que sus uñas opriman suavemente las yemas de mis dedos.
Que al tocar su piel, se erice mi vello y al levantar la mano, siga exigiendo ella mi calor.
Que apriete su cabeza contra mi cara y me pida ,sin palabras, besos en el pelo
a veces con olor a vainilla, otras con olor a almendras.
Que se cobre su parte de cariño extendiendo su brazo.
Que mi cuello sienta sus labios y dientes, y mis brazos sus mordiscos.
Que se abrace a mí por la espalda y me tienda una emboscada para la que no estoy preparado nunca.
Que a mi susurro de "te quiero" conteste tímidamente "y yo" y sonría.
Mientras tanto, sonará un piano al crepúsculo eterno, abrazados.
sábado, 11 de junio de 2011
Y tiremos a la mierda cualquier principio de incertidumbre...
Ráfagas amargas que levemente hieren bajo la piel desnuda de mi cuerpo.
Atenuadores y cálidos alivian sus dedos al pasar por mis manos y su cuerpo cuando dibuja eses con las piernas.
Llora y ríe pero siempre se distrae al mínimo déficit de atención por mi parte.
Le duelen las marcas en la piel que, aunque desaparecidas, siguen molestando en su interior.
Busca calor entre mis brazos y mi cuerpo y se acomoda para no tener que separarse.
Dibujo siluetas en su espalda y recorro con mis dedos sus brazos, como un niño chico jugando a su scalextric.
Ella ama la ironía y se insinúa cuando mi lengua de trapo y mi cerebro, colapsados por no saber si se trata de algo cierto o no, sonríen creando una duda incómoda, fruto de mi timidez y nerviosismo.
No diré que la quiero. Tampoco que no la quiero. Simplemente diré que quiero.
Y si alguno busca el sentido a esto, está completamente loco.
Atenuadores y cálidos alivian sus dedos al pasar por mis manos y su cuerpo cuando dibuja eses con las piernas.
Llora y ríe pero siempre se distrae al mínimo déficit de atención por mi parte.
Le duelen las marcas en la piel que, aunque desaparecidas, siguen molestando en su interior.
Busca calor entre mis brazos y mi cuerpo y se acomoda para no tener que separarse.
Dibujo siluetas en su espalda y recorro con mis dedos sus brazos, como un niño chico jugando a su scalextric.
Ella ama la ironía y se insinúa cuando mi lengua de trapo y mi cerebro, colapsados por no saber si se trata de algo cierto o no, sonríen creando una duda incómoda, fruto de mi timidez y nerviosismo.
No diré que la quiero. Tampoco que no la quiero. Simplemente diré que quiero.
Y si alguno busca el sentido a esto, está completamente loco.
martes, 31 de mayo de 2011
Un niño que muere sin Infancia.
Despertaba cada mañana sobre un par de cartones y bajo unas hojas de periódico. Lo hacía mucho antes de que el primer rayo de sol golpeara en su cara, porque tenía que buscar rápidamente dónde ir a comer antes de que miles de indigentes como él se le adelantaran. Pero aún así se le sumaban los problema de ser un niño de 10 años, objeto de burla para mucha gente y más aún de compasión pero ninguno lo acogía en su casa.
Llegaba al comedor social y se encontraba con gente harapienta y sucia como él y con gestos tristes. No entendía muy bien el porqué, pues él encontraba aquello como una aventura, aventura que llevaba viviendo desde los 5. Había veces que los hombres mayores, al ser más grandes que él, se le colaban y le empujaban, pero él insistía y no desistía, lo último que quería era irse de aquellos sitios sin nada que llevarse a la boca.
Un día, paseando por las calles de la gran ciudad en busca de cartones y periódicos para pasar la noche, encontró a un hombre que lloraba desconsoladamente sin saber el porqué lo hacía. Gritaba: "¡Mi hijo, mi hijo!" mientras se sujetaba la cabeza con las manos. Pensó que es que quería tanto a su hijo que no podía soportar verlo marchar a las afueras, así que dijo: "No se preocupe señor, su hijo estará de vuelta en seguida, ya verá, ya...". Al oír el hombre las palabras del niño, contestó: "No, hijo, no, no volverá nunca más por culpa de ese maldito polvo blanco..."
El chico se alejó del lugar pensando en si era tan importante aquel polvo blanco como para conseguir que ciertas personas dejaran sus hogares en busca de más. La idea del polvo blanco le creaba cierta curiosidad hasta que, un día, al toparse con otro vagabundo de la misma edad que él, se le ofreció esa enigmática sustancia. Cuando le dijeron que tenía que entrar por la nariz, él se quedó extrañado se lo pensó varias veces antes de inspirar e introducirlo en su cuerpo: a fin de cuentas, aquel hombre parecía muy preocupado. Pero le gustó, le creaba sensaciones como aquellas que tenía cuando se tiraba durante horas dando vueltas sobre sí mismo.
Fue creciendo nuestro joven y con él, su vicio por aquella sustancia. Comenzaba a parecer cada vez más delgado y demacrado pero su única pasión era ingerir esa sustancia estupefaciente. Se volvió más violento e irascible, y ya no era el niño luchador que hacía frente a sus propios miedos por salvar la vida, sino en el ser dependiente de algo tan material como son las drogas.
Atracó un banco, violó a una mujer, golpeó a sus hijos y mató un policía que le quitó el material. No entendía por qué estaba cambiando, pero lo hacía. Se daba cuenta del cambio y no podía hacer nada por impedirlo. Seguía siendo un niño, un niño encerrado en un cuerpo de 20 años y enganchado a la cocaína. Un niño que moriría sin Infancia...
Llegaba al comedor social y se encontraba con gente harapienta y sucia como él y con gestos tristes. No entendía muy bien el porqué, pues él encontraba aquello como una aventura, aventura que llevaba viviendo desde los 5. Había veces que los hombres mayores, al ser más grandes que él, se le colaban y le empujaban, pero él insistía y no desistía, lo último que quería era irse de aquellos sitios sin nada que llevarse a la boca.
Un día, paseando por las calles de la gran ciudad en busca de cartones y periódicos para pasar la noche, encontró a un hombre que lloraba desconsoladamente sin saber el porqué lo hacía. Gritaba: "¡Mi hijo, mi hijo!" mientras se sujetaba la cabeza con las manos. Pensó que es que quería tanto a su hijo que no podía soportar verlo marchar a las afueras, así que dijo: "No se preocupe señor, su hijo estará de vuelta en seguida, ya verá, ya...". Al oír el hombre las palabras del niño, contestó: "No, hijo, no, no volverá nunca más por culpa de ese maldito polvo blanco..."
El chico se alejó del lugar pensando en si era tan importante aquel polvo blanco como para conseguir que ciertas personas dejaran sus hogares en busca de más. La idea del polvo blanco le creaba cierta curiosidad hasta que, un día, al toparse con otro vagabundo de la misma edad que él, se le ofreció esa enigmática sustancia. Cuando le dijeron que tenía que entrar por la nariz, él se quedó extrañado se lo pensó varias veces antes de inspirar e introducirlo en su cuerpo: a fin de cuentas, aquel hombre parecía muy preocupado. Pero le gustó, le creaba sensaciones como aquellas que tenía cuando se tiraba durante horas dando vueltas sobre sí mismo.
Fue creciendo nuestro joven y con él, su vicio por aquella sustancia. Comenzaba a parecer cada vez más delgado y demacrado pero su única pasión era ingerir esa sustancia estupefaciente. Se volvió más violento e irascible, y ya no era el niño luchador que hacía frente a sus propios miedos por salvar la vida, sino en el ser dependiente de algo tan material como son las drogas.
Atracó un banco, violó a una mujer, golpeó a sus hijos y mató un policía que le quitó el material. No entendía por qué estaba cambiando, pero lo hacía. Se daba cuenta del cambio y no podía hacer nada por impedirlo. Seguía siendo un niño, un niño encerrado en un cuerpo de 20 años y enganchado a la cocaína. Un niño que moriría sin Infancia...
martes, 10 de mayo de 2011
¡Cuánto tiempo!
-Disculpe, ¿es usted Claire?
-Pues...
-Vaya, lo siento, me he equivocado. Disculpe, señorita, por molestarla.
-No, espera, sí que era yo, sólo me hacía rogar.
-¿Se hacía rogar?
-Así es.
-Pues busque a otro hombre que le ruegue.
-Pero, ¿no te alegras de verme?
-En absoluto.
-Sé que miente usted señorito.
-No he dejado de hacerlo desde que la vi.
-¿Se puede saber el motivo?
-No.
-¿No?
-Bueno, tal vez.
-¿Y cómo te va la vida?
-Me va bien.
-¿Sólo bien?
-Sí, sólo bien. El pensarte se me hizo demasiado pesado. He descubierto que las fotos no envejecen.
-Ya, bueno, es que estoy con Richard...
-Lo sé, aunque preferiría no haberlo sabido nunca.
-Bueno, creo que tengo que marcharme, John. Me alegro mucho de volver a verte.
-¿Ahora quieres irte?
-Sí.
-Pues vete, pero prométeme que cumplirás una cosa.
-Claro, dime.
-Que ésta será la última vez que nos veamos. Para ti no existo. Para ti he muerto. Si me cruzo contigo por la calle, gira la cara, no me mires ni saludes. Se me haría muy duro el aumentar en un día los 8 años, 3 meses, 2 semanas, 25 días y 17 horas.
-Pues...
-Vaya, lo siento, me he equivocado. Disculpe, señorita, por molestarla.
-No, espera, sí que era yo, sólo me hacía rogar.
-¿Se hacía rogar?
-Así es.
-Pues busque a otro hombre que le ruegue.
-Pero, ¿no te alegras de verme?
-En absoluto.
-Sé que miente usted señorito.
-No he dejado de hacerlo desde que la vi.
-¿Se puede saber el motivo?
-No.
-¿No?
-Bueno, tal vez.
-¿Y cómo te va la vida?
-Me va bien.
-¿Sólo bien?
-Sí, sólo bien. El pensarte se me hizo demasiado pesado. He descubierto que las fotos no envejecen.
-Ya, bueno, es que estoy con Richard...
-Lo sé, aunque preferiría no haberlo sabido nunca.
-Bueno, creo que tengo que marcharme, John. Me alegro mucho de volver a verte.
-¿Ahora quieres irte?
-Sí.
-Pues vete, pero prométeme que cumplirás una cosa.
-Claro, dime.
-Que ésta será la última vez que nos veamos. Para ti no existo. Para ti he muerto. Si me cruzo contigo por la calle, gira la cara, no me mires ni saludes. Se me haría muy duro el aumentar en un día los 8 años, 3 meses, 2 semanas, 25 días y 17 horas.
miércoles, 27 de abril de 2011
Memorias de un poeta.
Quizás deba olvidar cualquier memoria persistente en mi retina neuronal. ¿Quién sabe? Ella seguramente ya lo ha hecho y yo, en cambio, no paro de reproducir en mi pantalla cerebral una y otra vez la misma secuencia cinematográfica. No lo sé. Quizás sea necesario algo de alcohol. Quizás, no lo sé. A lo mejor simplemente tengo que pasar por delante y ni si quiera saludarla para así dañarme con fuertes puñaladas de silencio. Es posible, no lo sé. Pero y si... No, estoy seguro de que no. Es imposible pensar otra cosa que no sea ésta. Estaría loco si lo pensara. Pero, es tan incómodo tener que pensarlo... Y los paseos ya no serán los mismos sin recuerdos. Y los pájaros quizás comiencen a cantar canciones elegíacas. Quizás los árboles dejen de llorar por no quedarles más lágrimas. Las nubes llorarán y empaparán mi chaqueta con grandes goterones que no serán salados como tus lágrimas. Los parques quedarán vacíos y los colegios, llenos de ancianos. Sí, todo se ha trastocado desde tu ausencia. No obstante, siempre me mantiene en vilo un Quizás...
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