"Alcohol may be man's worst enemy, but the Bible says love your enemy" Frank Sinatra.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Sentir es morir.

Aquella noche Dios decidió inmolarse.
No nació nada.
No murió nadie.
Y sin embargo todo el mundo lloraba.
Todos se lamentaban de haber tenido que sufrir aquello.

Dios sabía por qué lo hacía.
Bebió hasta caer al suelo justo antes de actuar.
No sentía nada.
Ya lo había sentido todo antes.
Murió un domingo cualquiera de madrugada.

Quería sentirse humano por unos días.
Pero no pudo soportarlo.
Se compadeció de los hombres.
Lloró amargamente por las mujeres.
Y desapareció.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Al fin y al cabo todo se basa en estructuras.

El niño, desnudo, al ver que los edificios de ambos lados caían sobre su cabeza, decidió sentarse en cuclillas, meter la cabeza entre las piernas y esperar a que todo pasara.
Pero nada pasaba. Nada decidía irse con intención de volver más tarde.
Ni nada ni nadie.
Le prometieron que la estructura era segura. Que no se caería jamás. Pero era débil.
El hormigón no era suficiente. La situación era inevitable.
Y de vez en cuando mira hacia el cielo para ver cuánto le queda de vida.
Y de vez en cuando los edificios miran al niño con preocupación y tristeza.

Y así pasó el niño una vida entera. Con miedo y totalmente convencido de que ambos edificios lo aplastarían. Y murió el niño no por el derrumbamiento, sino por la insufrible y despreciable espera eterna del vivir.

lunes, 19 de agosto de 2013

Los tumbos que da la vida.

Y vivió como quien muere una calurosa noche de verano.
Y murió como la luz que, tímida, desaparece engullida por las sombras.
Como un "Summertime" en la voz de la gran Simone.
Como un viejo whisky derramado sobre la mesa.
Como las hojas secas que caen en otoño.
Como un mar de sábanas frías y arrugadas.
Como una luna cansada de aguantar los llantos de todos.

Y puede que los pájaros sigan cantando.
Y el tiempo siga siempre hacia adelante.
Y que la vida siga esperando en la recepción mientras se toma una copa.
Pero llegará el día en que, ebria, no podrá abrir la puerta de casa.
Y solo espero que ese día no le pille una helada.

domingo, 11 de agosto de 2013

Se fue.

Se fue.

Como el humo de un cigarrillo que se escapa de la boca de una prostituta en los 50.
Como la corriente de aire que entra por la boquilla del saxo y frota la lengüeta.
Como una gota de vino resbalando por el cuello de una botella.
Como un susurro al oído en un parque una tarde de viento.

Se fue.

Quizá mañana aparezca.
En otra cama.
En otro bar.
En otro cuello o en otra botella.
En otro oído.

O quizá no aparezca.

Se fue.

viernes, 26 de julio de 2013

Si las palabras pudieran quejarse...

Si las palabras pudieran quejarse...

Algunas seguramente intentarían suicidarse por malformaciones atroces. Otras se darían al alcohol al verse tan pasajeras, hasta el punto de perder el propio sentido de su existencia. Las habría que, por trastornos fuertes de personalidad, acabarían internadas en un centro psiquiátrico.
Pero sin duda las más perjudicadas son las que más fueron usadas. Prostituyen su ser para transmitir, comunicar, emocionar. Pero en cuanto acaba su uso son olvidadas, como si nunca hubieran existido. Son esas palabras que aguardan noches enteras en las esquinas, esperando a que cualquiera las coja, las use y las deje tiradas al borde de cualquier renglón. Cada vez más rotas por dentro y por fuera. Y se crean así muros altísimos de piedra fría no para no ser dañadas, sino para aguantar unos días o semanas más.

Si las palabras pudieran quejarse...

domingo, 14 de julio de 2013

¡Que empiece la jodida fiesta!

Cuando quiso darse cuenta, Jason estaba otra vez en ese garito, sobrio y cansado. La música le reventaba los oídos con sus graves intermitentes y machacones que hacían mover los culos de las chicas de la sala. A veces aparecía alguno de esos traseros enormes y le empujaba por intentar llegar a los baños, al fondo del local. Otras simplemente un conocido demasiado borracho se apoya en su hombro y le grita algo en un idioma que podría pasar fácilmente por lengua muerta. El sector masculino había que suponerlo, pues era totalmente comprensible que se pusiera en duda la sexualidad de la mayoría de sujetos. Todos con camisetas demasiado pequeñas y caras de buscar golpear a alguien siempre en manada. Pero mientras esperaban y acechaban, bebían ingentes cantidades de alcohol para provocar la situación si no se daba por sí sola. No obstante, Jason se daba cuenta de que los días en los que estas manadas de parásitos sociales no buscaban hacer ver a todo el mundo que a pesar de su aspecto intentan ser bastante heterosexuales, se lanzaban a "conquistar" chicas de quince años, maquilladas como si tuvieran veinte y bastante menos maduras que niñas de ocho, aunque normalmente este era el blanco de cuarentones solteros sin muchas pretensiones en la vida.
Jason estaba rodeado por todas partes. Hacía calor y la gente no paraba de empujar. Las luces estroboscópicas le provocaban dolor de cabeza y aumentaba su agresividad, como una bestia intimidada con lanzas y palos. Se daba cuenta de todo e intentaba contener sus impulsos hasta que su paciencia se agotó. Lanzó la botella de cristal del refresco contra alguien al que no le harían mucha falta las neuronas. Y de repente, un grupo de cinco como él se acercaron rápidamente y acorralaron a Jason. ¡Que empiece la jodida fiesta!

miércoles, 3 de julio de 2013

Punto final.

No había acabado de tomarse el café cuando dos policías llamaron a la puerta de Tony. En cuanto los vio por la mirilla, corrió a la planta de arriba, se puso unos pantalones y salió por la ventana de su habitación. Los policías golpeaban con fuerza la puerta y amenazaban con tirarla abajo si no abría, hasta el momento en que oyeron ruidos en la parte trasera de la casa. La rodearon y llegaron al jardín, donde vieron a Tony intentando escapar por la valla que separaba su casa de la del señor Charles. Sacó su pistola y se oyeron un par de disparos en el vecindario.

¿Por qué te metiste en esto, Tony? No necesitabas dinero y no eres un adicto a las drogas. Ni si quiera te gustan. ¿Qué pretendías? Mírate ahora, tumbado boca abajo en el suelo, vestido con un triste pantalón y dos heridas de bala en el pecho por apuntarles con una pistola de juguete. ¿Creías que se asustarían? Buen intento. Los titulares hablarán de la muerte de un joven camello que intentó huir de la policía armado. Otro más. Otro de los muchos que mueren a lo largo de un año. Créeme que no te he escrito este final ni mucho menos intencionadamente. No soy el culpable de tu muerte. De hecho, de no ser por mí, habría acabado la historia mucho antes. Tú vives, yo narro. Tú mueres, yo narro, me levanto, apago la luz y cierro la puerta.