"Alcohol may be man's worst enemy, but the Bible says love your enemy" Frank Sinatra.
martes, 2 de julio de 2013
Escudos.
Cuando despertó se encontraba en una burbuja de cristal. Todas las personas a las que conocía estaban al otro lado, mirándole fijamente, esperando a que actuara. Había amigos. Había enemigos. Había "amigos". Pero todos parecían estar embelesados. El chaval agitaba sus brazos para intentar obtener respuestas aunque todo fue en vano. Así que se preparó y comenzó a golpear la paredes curvas de cristal reiteradamente. Cogía carrerilla y descargaba toda su fuerza. A los veinte golpes empezaba a resquebrajarse. Parecía que podría salir y preguntar por qué se encontraba allí y qué les parecía tan interesante. Pero cuando el cristal cedió, un cuchillo apareció de la nada para cortar la mano del joven. Una voz de ultratumba llegó hasta los oídos del chaval: "mantente ahí, quieto. No intentes nada raro." El cristal se regeneró por completo. Las horas que le llevó conseguir romperlo se difuminaron en el aire. Así que decidió sentarse en medio de la burbuja, apoyar la cabeza sobre sus rodillas y esperar.
viernes, 28 de junio de 2013
Balas.
Jake llegaba otra vez a las cinco de la mañana a casa. No le gustaba tener que encontrarse con borrachos, parejas y drogadictos, pero tampoco soportaba acostarse a las doce de la noche. Tenía la sensación de que todas las personas que se cruzaban en su camino le miraban de forma inquisitiva, como si le exigieran algo aun sin conocerle. En realidad ni siquiera se fijaban en él pero tenía esa incómoda sensación de agobio y presión. Lo peor era no saber qué tenía que hacer, cómo debía comportarse. Incluso la gente con la que apenas tenía relación parecía que esperaba cosas de él: que apareciera de repente y se mostrara amable, que les demostrara algo, que diera señales de vida. Pero Jake no tenía ni la más remota idea de qué tenía que hacer y, quizá más importante, cómo hacerlo. No sabía cómo sorprender, cómo romper, cómo salir para no morir asfixiado entre tanto cadáver sobre su cabeza. Así que al día siguiente decidió subir a la azotea de su edificio, contemplar la ciudad y, colocando su mano a modo de pistola, disparar a todo el que parecía exigirle algo a cambio por estar cerca de él. Eliminaba a uno detrás de otro y cuando decidió que había acabado se tumbó y miró fijamente a las nubes. Lástima que no le quedaran balas en el pulgar.
miércoles, 19 de junio de 2013
¡Lárgate!
Jake golpeó con fuerza la cara de aquel chaval. Nunca había pegado a nadie pero esta vez tenía motivos: le apetecía. Sintió cómo sus nudillos se encontraban con el pómulo derecho de Tim.
-¿Qué coño haces?
Jake reía a carcajadas.
-¿Te hace gracia?
Tim le devolvió el golpe con el doble de fuerza. Jake cayó al suelo y dejó de reír pero siguió con su sonrisa estúpida en la cara. Se quedó en el suelo tumbado durante unos segundos, inmóvil, y se levantó lentamente.
-Tim, creo que no te he dicho aún lo sumamente gilipollas que me pareces.
Tim arremetió contra él de nuevo. No entendía el comportamiento de Jake. A fin de cuentas, había sido siempre un chico muy tranquilo que no molestaba a nadie.
-Además, eres realmente patético. Y ahora venga, pégame otra vez.- dijo sin parar de sonreír.
Tim le tiró al suelo y comenzó a lanzar sus puños una y otra vez sobre el rostro de Jake. Creía que así conseguiría que dejara de insultarle y además le obligaría a mostrarle cierto respeto. A fin de cuentas, era tres años mayor que él. Pero Jake le provocaba más aún. Lo que Tim no sabía es que el chico al que golpeaba lo único que quería era eso, sentir. Siempre había sido demasiado cobarde como para golpear la pared, no quería lastimarse las muñecas. Así que hizo que otra persona llevara a cabo la labor. Jake era feliz, estaba consiguiendo su propósito, sentir algo. Sus visiones, sus amigos que solo él veía cada vez le torturaban más y más. Cada día se levantaba y aparecía Jason sentado en una silla y le decía lo que tenía que hacer ese día. Pero nadie le creía. Nadie había visto jamás a Jason. Así que Jake se encontraba bien, al menos alguien le está golpeando de verdad. Esto no era producto de su mente.
-Espero que no vuelvas a hacerlo o te partiré las piernas.¿Entendido, Jake?
Y allí quedó, tendido en medio de la estrecha calle, sonriendo al cielo justo hasta el momento en que vio a Jason a su derecha.
-Hola Jake, ¿me echabas de menos?
-¿Qué coño haces?
Jake reía a carcajadas.
-¿Te hace gracia?
Tim le devolvió el golpe con el doble de fuerza. Jake cayó al suelo y dejó de reír pero siguió con su sonrisa estúpida en la cara. Se quedó en el suelo tumbado durante unos segundos, inmóvil, y se levantó lentamente.
-Tim, creo que no te he dicho aún lo sumamente gilipollas que me pareces.
Tim arremetió contra él de nuevo. No entendía el comportamiento de Jake. A fin de cuentas, había sido siempre un chico muy tranquilo que no molestaba a nadie.
-Además, eres realmente patético. Y ahora venga, pégame otra vez.- dijo sin parar de sonreír.
Tim le tiró al suelo y comenzó a lanzar sus puños una y otra vez sobre el rostro de Jake. Creía que así conseguiría que dejara de insultarle y además le obligaría a mostrarle cierto respeto. A fin de cuentas, era tres años mayor que él. Pero Jake le provocaba más aún. Lo que Tim no sabía es que el chico al que golpeaba lo único que quería era eso, sentir. Siempre había sido demasiado cobarde como para golpear la pared, no quería lastimarse las muñecas. Así que hizo que otra persona llevara a cabo la labor. Jake era feliz, estaba consiguiendo su propósito, sentir algo. Sus visiones, sus amigos que solo él veía cada vez le torturaban más y más. Cada día se levantaba y aparecía Jason sentado en una silla y le decía lo que tenía que hacer ese día. Pero nadie le creía. Nadie había visto jamás a Jason. Así que Jake se encontraba bien, al menos alguien le está golpeando de verdad. Esto no era producto de su mente.
-Espero que no vuelvas a hacerlo o te partiré las piernas.¿Entendido, Jake?
Y allí quedó, tendido en medio de la estrecha calle, sonriendo al cielo justo hasta el momento en que vio a Jason a su derecha.
-Hola Jake, ¿me echabas de menos?
domingo, 2 de junio de 2013
Nada.
Aquella noche Jason llegó a casa pasadas las 4 de la mañana. Entró en su habitación, tiró la chaqueta a la silla y se sentó en el borde de la cama. Reflexionó durante unos minutos apoyando sus codos en las rodillas y sus manos en la cabeza. ¿Por qué aquella noche? A fin de cuentas, no había pasado nada del otro mundo. Nada le había enfadado. Nada le había entristecido. O eso creía.
Se levantó de repente, lleno de ira, y comenzó a dar puñetazos a la pared. A los quince golpes la piel de sus nudillos se había levantado. A los cuarenta la sangre le recorría el brazo. En el número cincuenta su muñeca crujió. Como una bestia desorientada en mitad de un bosque en plena noche cerrada se abalanzó contra la estantería tirando todo lo que había en ella. Se dirigió a la mesilla de noche buscando la foto pero el marco estaba vacío. No había nada en él. Había desaparecido de su vida. Pero no era eso lo que le enfadaba. De hecho era lo que había intentado conseguir durante tanto tiempo. Lanzó el marco contra la pared y los cristales se esparcieron por todo el cuarto. Gritó. Lloró de angustia. Algo le pesaba. Algo le empujaba, una fuerza invisible. Cayó de rodillas al suelo.
Nada era lo que le enfadaba. Nada era lo que le hacía gritar y romper todo a su alrededor. Nada era lo que le oprimía el pecho y lo dejaba sin respiración. Aquella nada era lo que le estaba destruyendo.
Se levantó de repente, lleno de ira, y comenzó a dar puñetazos a la pared. A los quince golpes la piel de sus nudillos se había levantado. A los cuarenta la sangre le recorría el brazo. En el número cincuenta su muñeca crujió. Como una bestia desorientada en mitad de un bosque en plena noche cerrada se abalanzó contra la estantería tirando todo lo que había en ella. Se dirigió a la mesilla de noche buscando la foto pero el marco estaba vacío. No había nada en él. Había desaparecido de su vida. Pero no era eso lo que le enfadaba. De hecho era lo que había intentado conseguir durante tanto tiempo. Lanzó el marco contra la pared y los cristales se esparcieron por todo el cuarto. Gritó. Lloró de angustia. Algo le pesaba. Algo le empujaba, una fuerza invisible. Cayó de rodillas al suelo.
Nada era lo que le enfadaba. Nada era lo que le hacía gritar y romper todo a su alrededor. Nada era lo que le oprimía el pecho y lo dejaba sin respiración. Aquella nada era lo que le estaba destruyendo.
miércoles, 15 de mayo de 2013
¿Libre o esclavo?
Dicen que los locos no son más que personas que son capaces de percibir más allá de los muros de la realidad. Pero ¿Quién construye esos muros?
¿Quién tiene el poder para decidir hasta dónde llegan los límites de la realidad?
Y sobre todo, ¿por qué?
¿Qué beneficio obtiene el constructor?
Los locos nacen sin los muros. Los locos son libres.
Los envidio.
Cogeré un martillo lo suficientemente grande como para destruir el muro.
Insistiré día y noche.
No desesperaré.
Aún no conseguido romper un solo ladrillo, pero alguno tiene muescas.
Y tú, ¿quieres ser libre?
Silencio y luz de luna.
El coche atropelló a aquel chico. Era primavera pero las flores de dentro de su cuerpo estaban completamente marchitas, secas. Algunos habían vivido todo. Otros estaban cerca de hacerlo. El chico ya no podría intentarlo. Había luna llena. El brillo blanco iluminaba perfectamente la calle. El hombre del coche bajó la ventanilla y escupió sobre el cuerpo frío. Arrancó y se marchó sin ningún remordimiento. No había nadie en la escena. No había nada. Solo silencio y luz de luna. Ni siquiera Dios se asomó a ver qué había pasado. Estaba demasiado ocupado con otros asuntos.
martes, 14 de mayo de 2013
Sígueme.
- Sígueme.
- No veo nada. ¿Dónde estoy?
- No tengas miedo. Sígueme, yo te guío.
Una mano acaricia la suya y le comenzó a guiar.
- Está todo oscuro. ¿Quién eres?
- Tranquilo, conozco bien el camino. Sé que estás perdido pero no tardaremos en salir de aquí.
Él tenía miedo, pero no había otra elección: o se fiaba de ella o quedaría perdido en la inmensa oscuridad.
Una luz comienza a hacerse cada vez más grande.
- ¿Qué es eso?
- Ya estamos llegando. No te preocupes.
Al llegar a aquella luz, un bosque carbonizado apareció ante los ojos del chaval. La vida se había extinguido. El negro del paisaje brillaba aún más fuerte con los rayos de luz que procedían del cielo, aunque no del sol.
- ¿¡Qué es todo esto!? ¿¡Por qué todo está quemado?!
La mujer se giró y miró al joven. Tenía un rostro horroroso. Su cara era una calavera desgastada. Su pelo estaba deteriorado y le llegaba hasta la cintura. La carne de sus manos estaba podrida. Un traje blanco raído cubría parte de su cuerpo. Le señalaba con un largo dedo índice.
La mujer soltó un grito ensordecedor. El joven se llevó las manos a los oídos y cerró los ojos.
Todo se desvaneció.
- No veo nada. ¿Dónde estoy?
- No tengas miedo. Sígueme, yo te guío.
Una mano acaricia la suya y le comenzó a guiar.
- Está todo oscuro. ¿Quién eres?
- Tranquilo, conozco bien el camino. Sé que estás perdido pero no tardaremos en salir de aquí.
Él tenía miedo, pero no había otra elección: o se fiaba de ella o quedaría perdido en la inmensa oscuridad.
Una luz comienza a hacerse cada vez más grande.
- ¿Qué es eso?
- Ya estamos llegando. No te preocupes.
Al llegar a aquella luz, un bosque carbonizado apareció ante los ojos del chaval. La vida se había extinguido. El negro del paisaje brillaba aún más fuerte con los rayos de luz que procedían del cielo, aunque no del sol.
- ¿¡Qué es todo esto!? ¿¡Por qué todo está quemado?!
La mujer se giró y miró al joven. Tenía un rostro horroroso. Su cara era una calavera desgastada. Su pelo estaba deteriorado y le llegaba hasta la cintura. La carne de sus manos estaba podrida. Un traje blanco raído cubría parte de su cuerpo. Le señalaba con un largo dedo índice.
La mujer soltó un grito ensordecedor. El joven se llevó las manos a los oídos y cerró los ojos.
Todo se desvaneció.
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