Aquella noche Jason llegó a casa pasadas las 4 de la mañana. Entró en su habitación, tiró la chaqueta a la silla y se sentó en el borde de la cama. Reflexionó durante unos minutos apoyando sus codos en las rodillas y sus manos en la cabeza. ¿Por qué aquella noche? A fin de cuentas, no había pasado nada del otro mundo. Nada le había enfadado. Nada le había entristecido. O eso creía.
Se levantó de repente, lleno de ira, y comenzó a dar puñetazos a la pared. A los quince golpes la piel de sus nudillos se había levantado. A los cuarenta la sangre le recorría el brazo. En el número cincuenta su muñeca crujió. Como una bestia desorientada en mitad de un bosque en plena noche cerrada se abalanzó contra la estantería tirando todo lo que había en ella. Se dirigió a la mesilla de noche buscando la foto pero el marco estaba vacío. No había nada en él. Había desaparecido de su vida. Pero no era eso lo que le enfadaba. De hecho era lo que había intentado conseguir durante tanto tiempo. Lanzó el marco contra la pared y los cristales se esparcieron por todo el cuarto. Gritó. Lloró de angustia. Algo le pesaba. Algo le empujaba, una fuerza invisible. Cayó de rodillas al suelo.
Nada era lo que le enfadaba. Nada era lo que le hacía gritar y romper todo a su alrededor. Nada era lo que le oprimía el pecho y lo dejaba sin respiración. Aquella nada era lo que le estaba destruyendo.
"Alcohol may be man's worst enemy, but the Bible says love your enemy" Frank Sinatra.
domingo, 2 de junio de 2013
miércoles, 15 de mayo de 2013
¿Libre o esclavo?
Dicen que los locos no son más que personas que son capaces de percibir más allá de los muros de la realidad. Pero ¿Quién construye esos muros?
¿Quién tiene el poder para decidir hasta dónde llegan los límites de la realidad?
Y sobre todo, ¿por qué?
¿Qué beneficio obtiene el constructor?
Los locos nacen sin los muros. Los locos son libres.
Los envidio.
Cogeré un martillo lo suficientemente grande como para destruir el muro.
Insistiré día y noche.
No desesperaré.
Aún no conseguido romper un solo ladrillo, pero alguno tiene muescas.
Y tú, ¿quieres ser libre?
Silencio y luz de luna.
El coche atropelló a aquel chico. Era primavera pero las flores de dentro de su cuerpo estaban completamente marchitas, secas. Algunos habían vivido todo. Otros estaban cerca de hacerlo. El chico ya no podría intentarlo. Había luna llena. El brillo blanco iluminaba perfectamente la calle. El hombre del coche bajó la ventanilla y escupió sobre el cuerpo frío. Arrancó y se marchó sin ningún remordimiento. No había nadie en la escena. No había nada. Solo silencio y luz de luna. Ni siquiera Dios se asomó a ver qué había pasado. Estaba demasiado ocupado con otros asuntos.
martes, 14 de mayo de 2013
Sígueme.
- Sígueme.
- No veo nada. ¿Dónde estoy?
- No tengas miedo. Sígueme, yo te guío.
Una mano acaricia la suya y le comenzó a guiar.
- Está todo oscuro. ¿Quién eres?
- Tranquilo, conozco bien el camino. Sé que estás perdido pero no tardaremos en salir de aquí.
Él tenía miedo, pero no había otra elección: o se fiaba de ella o quedaría perdido en la inmensa oscuridad.
Una luz comienza a hacerse cada vez más grande.
- ¿Qué es eso?
- Ya estamos llegando. No te preocupes.
Al llegar a aquella luz, un bosque carbonizado apareció ante los ojos del chaval. La vida se había extinguido. El negro del paisaje brillaba aún más fuerte con los rayos de luz que procedían del cielo, aunque no del sol.
- ¿¡Qué es todo esto!? ¿¡Por qué todo está quemado?!
La mujer se giró y miró al joven. Tenía un rostro horroroso. Su cara era una calavera desgastada. Su pelo estaba deteriorado y le llegaba hasta la cintura. La carne de sus manos estaba podrida. Un traje blanco raído cubría parte de su cuerpo. Le señalaba con un largo dedo índice.
La mujer soltó un grito ensordecedor. El joven se llevó las manos a los oídos y cerró los ojos.
Todo se desvaneció.
- No veo nada. ¿Dónde estoy?
- No tengas miedo. Sígueme, yo te guío.
Una mano acaricia la suya y le comenzó a guiar.
- Está todo oscuro. ¿Quién eres?
- Tranquilo, conozco bien el camino. Sé que estás perdido pero no tardaremos en salir de aquí.
Él tenía miedo, pero no había otra elección: o se fiaba de ella o quedaría perdido en la inmensa oscuridad.
Una luz comienza a hacerse cada vez más grande.
- ¿Qué es eso?
- Ya estamos llegando. No te preocupes.
Al llegar a aquella luz, un bosque carbonizado apareció ante los ojos del chaval. La vida se había extinguido. El negro del paisaje brillaba aún más fuerte con los rayos de luz que procedían del cielo, aunque no del sol.
- ¿¡Qué es todo esto!? ¿¡Por qué todo está quemado?!
La mujer se giró y miró al joven. Tenía un rostro horroroso. Su cara era una calavera desgastada. Su pelo estaba deteriorado y le llegaba hasta la cintura. La carne de sus manos estaba podrida. Un traje blanco raído cubría parte de su cuerpo. Le señalaba con un largo dedo índice.
La mujer soltó un grito ensordecedor. El joven se llevó las manos a los oídos y cerró los ojos.
Todo se desvaneció.
sábado, 27 de abril de 2013
Agua.
Sus ojos enfocados hacia el techo blanco del cuarto de baño. El agua de la bañera le cubría todo el cuerpo excepto el rostro. Una gota cae del grifo impactando contra la superficie acuosa y el choque retumba en cada una de las paredes que rodean la escena. Sus oídos captaron el estruendo y en ese momento, abrió los ojos de tal manera que parecía que fueran a salirse de las cuencas. Poco a poco el calor de su cuerpo comenzó a extenderse por el agua. Su corazón llevaba mucho tiempo muerto, no veía motivos por los que no pararse.
lunes, 15 de abril de 2013
No hay segundas oportunidades.
- ¡VAMOS, JODER, MIKE! ¡AYÚDAME! ¡NO ME DEJES CAER! ¡POR FAVOR, AMIGO!
Jason estaba agarrado aquella noche a la cornisa de la azotea del edificio White de la calle 47. Había estado trapicheando con gente que no debía. Y lo único que hacía era suplicar por su vida, sabía que en ese momento yo era el dueño de su vida, me pertenecía. Podía ayudarlo a subir y tenerlo como esclavo para toda la vida o podía dejarlo caer siguiendo así mi máxima de no dar segundas oportunidades.
- ¿Sabes, Jason? Verte ahora mismo ahí, colgando, a 12 pisos de altura es lo más gratificante que me ha pasado en todo el día. La has cagado. Intentaste joderme y te ha salido mal la jugada. He venido yo personalmente a por ti. ¿Sabes por qué me he tomado tantas molestias? Porque me divierte. Mírate: casado, con dos hijas pequeñas y con mi garantía de que tu familia estaría a salvo hasta hace tan solo un par de horas. Pero ¿en qué cojones estabas pensando cuando decidiste pasarte al bando de los yonkis? La has cagado, Jason.
Saqué de mi abrigo largo negro un cigarrillo y un paquete de cerillas.
- ¿Unas últimas palabras antes de un precioso viaje de cabeza al asfalto?
- ¡NO! ¡POR FAVOR! ¡HA SIDO UN ERROR! ¡NO VOLVERÁ A OCURRIR, TE LO JURO!
- Buen viaje.
Encendí el cigarrillo con una cerilla y la deje caer sobre los dedos de Jason.
No hay segundas oportunidades.
martes, 2 de abril de 2013
Noches baratas.
- Ahora tienes que irte - dije mirándola a los ojos mientras le acariciaba el pelo.
- ¡Oh, vamos! ¡No seas malo! Déjame quedarme esta noche. Prometo no molestarte.
- Sabes que no puedes quedarte. Márchate. Tienes el dinero en el cajón de la entrada.
- Está bien - respondió perezosa.
Me levanté de la cama y encendí la radio. Sonaba Chet Baker. Sarah se acercó a mí con sus tacones rojos en la mano.
- Dame un beso de buenas noches, al menos.
- ¡Oh, Sarah, vete, no seas pesada!
- Vale, vale, tipo duro. - dijo justo antes de cerrar la puerta tras de sí.
Mujeres de una noche que por lo menos alejaban la nostalgia en las noches frías.
"I fall in love too easily,
I fall in love too fast."
Encendí un cigarrillo y me asomé a la ventana para comprobar que la noche siguiera allí, no sé si por suerte o por desgracia. Me acerqué al piano y comencé a improvisar sobre la canción que en ese momento sonaba en la radio. Al menos rompía con los esquemas clásicos. Al menos fluía en libertad. Al girarme una de las veces para coger la botella de whisky el sol me sorprendió semidesnudo, cansado y con algo de resaca de ella.
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