"Alcohol may be man's worst enemy, but the Bible says love your enemy" Frank Sinatra.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Sentimientos pasados por agua.

Ahora a esperar a que pase el autobús. Seguro que lleva retraso. El día no acompaña y no tengo paraguas así que me pongo la capucha, me coloco bajo la marquesina de la parada y aguanto el fuerte viento. ¡Qué frío  hace! Pero ¡cómo me gusta este tiempo! Tiempo de reflexión ante una ventana, un día lluvioso arropado con una gran manta. Y en ese momento leer y reflexionar sobre quién eres y qué haces. Lástima que no tenga casa tras el atraso tan grande de pagos que tenía. En fin, tendré que conformarme viviendo con mis padres, si es que me dejan vivir con ellos, claro está, después de irme gritando de casa... No sé, no me atrae la idea de ir a casa de mis padres. Iré mejor a un café.

Allí pido un café con leche. El camarero era extranjero y le costó un par de veces entenderme, pero lo consiguió. Me puso un café solo largo. No tenía ganas de saltar la barra, pegarle una paliza y gritarle a la cara que había pedido un café con leche, así que lo acepté sin más. Eché un azucarillo en el café, lo disolví y cuando levanto la taza, veo un papelito escrito. En él decía lo siguiente:

Sé que pediste un café con leche
pero puestos a joder, da igual una putada más que una menos.

Lo miré pero el camarero estaba a su bola. Arrugué el papel y lo tiré al suelo. No le di mucha importancia. A fin de cuentas, tenía razón. Cuando observé a mi alrededor, vi a un señor con un periódico que parecía no ser de hoy, ni de ayer, ni siquiera de este año. Parecía ser de los años 30. El hombre se percató de hacia donde miraba y me dijo:

-Hijo mío, el mundo de hoy en día vale tan poco que no merece la pena ni ser leído. Aprende del pasado y no seas tan estúpido de intentar mejorarlo. Todos los que intentan aprender del pasado para mejorarlo terminan cagándola. Hoy en día no es lo que era, es mucho peor. Así que observa el pasado para imitarlo, no intentes corregirlo o terminarás cargándote todo lo construido hasta el momento.

Al principio pensé que no estaba en su sano juicio, pero también tenía razón. Todo el mundo que intenta mejorar el pasado me jode, incluso yo mismo. Dirigí mi mirada hacia la derecha y un alcohólico apoyaba su cabeza sobre la barra y roncaba plácidamente. El alcohol había hecho de las suyas con ese hombre. Su chaqueta estaba decorada con quemaduras y rotos y no olía demasiado bien. Su gorro no era de marca y sus guantes tenían agujeros por donde sobresalían los dedos. Era un claro ejemplo de ciudadano local. No quise despertarle así que dejé el dinero sobre la barra y salí de allí no antes de apurar mi café.

Cuando salí a la calle y vi que seguía lloviendo, comprendí que en la actualidad cada uno mira por su Ego y yo no miro por el mío. Deberían encarcelarme por maltratador del Ego, por dictador y tirano. He violado todos los derechos de mi Ego y no he cumplido mi deber como portador del mismo. Así que vivo con mi Ego reducido a cenizas y las cenizas son pisadas por las suelas de todos los que me rodean.

Mi vida ha sido un Tempus Fugite y mi amor un intento de Carpe Diem, pero mi voz, mi voz no ha sido más que palabras salidas de la boca del rey de los mediocres.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Diario de un banco.

Las ocho de la mañana y ya estoy en mi puesto de trabajo. Hace frío pero me mantengo firme y en posición. Veo pasar a una persona mayor con un perro. El señor parece cansado de su larga caminata hasta el parque. El perro no era un perro cualquiera. Parecía siempre atento y no jugaba como el resto de los perros. Dirige a su amo hacia mí y yo dejo al señor reposar sobre mí. Éste resoplaba mientras decía a su perro: "buen chico". El hombre llevaba gafas de sol aunque el día estaba nublado. Pensé que le gustarían sus gafas y querría lucirlas a pesar de todo. El perro parecía no descansar. Siempre alerta y despierto. El hombre descansó una hora y delante de él pasaron muchas personas camino de su trabajo. Él las oía y reía.

A las doce de la mañana un hombre vestido de traje se sentó sobre mí. Dejó su cartera al lado y apoyó su cabeza sobre sus manos. Parecía desesperado por algo. Sacó un periódico y con un subrayador, comenzó a marcar viviendas con precios más bien bajos. Llamó por el móvil y dijo que no había nada en la oficina del INEM. Intentaba hablar y paraba de golpe. Resoplaba y le faltaban las palabras para decir lo que quería. Se fue con gesto triste y a paso veloz.

Las tres de la tarde y un señor con mal aspecto se sienta en mi respaldo. En una mano llevaba una botella de cristal de color marrón y en la otra un palito de color naranja y blanco. Sacó fuego y me asusté pensando que iba a morir. Sólo prendió fuego al palito y de él salía humo. Se lo llevaba a la boca y echaba humo ese hombre. No sabía qué era pero a él parecía gustarle. Se llevaba la botella a la boca y la apoyaba sobre mí. Recuerdo que estaba fría. Insultaba a la gente cuando pasaba pero hablaba muy raro. Parecía que no sabía hacerlo y la gente huía de él cuando se dirigía hacia ellos. Alguno le daba dinero y con él compraba algo para comer. A eso de las seis de la tarde se marchó.

Eran las ocho de la tarde cuando una chico y una chica de unos dieciséis años se sentaron sobre mí. Llegaron muy felices y contentos y jugando cariñosamente. Se decían cosas preciosas, como si mañana se acabara el mundo y no tuvieran suficiente tiempo para demostrar el amor del uno por el otro. Se besaban y conversaban de temas, a veces tontos, a veces serios; a veces alegres, a veces tristes; a veces con palabras, otras con besos o miradas. Se abrazaban y querían. Y así pasaron hasta las once de la noche.

Las doce y media y un montón de jóvenes con bolsas esperaban con sus mejores modelitos para conquistar a sus princesas. Llevaban bolsas con botellas de cristal que guardaban como oro en paño. Otras contenían botellas de plástico, a esas las trataban peor. El que llevaba los hielos tiritaba de frío. Uno de ellos llamaba por teléfono y alzaba el tono de voz desesperado mientras que los demás hablaban y anunciaban cuáles eran sus pretensiones de la noche. Tras un largo rato de convivencia, llegó un último chaval al que todos esperaban. Así que se marcharon cuando el reloj sonó anunciando la una y media.

Son las cinco de la mañana y uno de los jóvenes de antes, esta vez solo, se sienta sobre mí. Llora como un niño. También hablaba consigo mismo raro, como el señor de las tres de la tarde. Se lamentaba sobre cosas que hizo y sobre otras que debería haber hecho. Creo que tenía que ver con una chica. Parecía no tener fuerzas para levantarse. Estaba destrozado. Me dio mucha pena. Pasó mucho tiempo allí solo, pensando. Hasta que sacó un papel y un bolígrafo con el que escribió algunas frases. Estaban llenas de melancolía y tristeza pero eran las más bellas que jamás había visto. Una gota cayó sobre el papel y el chico dejó la nota sobre mí. Se marchó a paso ligero. Unos minutos después empezó a llover muy fuerte. El papel se deshacía sobre mis tablas de madera quedando sus palabras adheridas a mi cuerpo al igual que las de muchas otras personas tiempo atrás.

Allí permaneció empapándose no sólo de lluvia, sino de historias cotidianas, historias anónimas, historias llenas de sentimientos. Allí permanecerá toda su vida bajo el mismo cielo y los mismo árboles pero bajo distintas personas y distintos sueños.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Perdido ante una catedral.

Santiago. Una vuelta por la noche, sin rumbo, perdido. Noche con ambiente de viernes, calles empinadas y jóvenes cristianos cantando sus canciones de misa a las 12 de la noche. Un hostalero cabreado por el ruido, un ateo protestando y yo sin ti. Me faltas tanto aqui... No sé cómo encajar esto. ¿Qué hacer para no pensarte en todo momento? Catedral enorme como mis enormes sentimientos. Una cúpula preciosa, recargada para disimular sus sinuosas curvas. Unas campanas para anunciar tu llegada deslumbrante. Pero ahora está todo tan oscuro y frío... Todo rodeado de preciosas torres que se alzan protegiendo su corazón. Y yo aquí tan minúsculo, tan insignificante. Así me veo: débil, indefenso y enamorado, sobre todo enamorado. Ahora sé que no podré volver a Santiago sin ti aquí, a mi lado. Y todo el mundo parece estar eufórico por la llegada de una persona importante. Y todo el mundo rebosa felicidad porque se sienten bien. Y yo escribo frente a una catedral que se alza junto con mis penas. Incluso las gárgolas lloran cuando ven que estoy tan lejos de ti. Sí, las gárgolas, frías figuras de piedra, también lloran. Lloran porque me faltas. Un vagabundo intenta asustarme. Un borracho que grita. Un bohemio golpeado. Un extranjero estafador. Menudo ambiente marginal por esta zona. No veo estrellas en el cielo. La luz las ha devorado todas. Y sin estrellas, no sé cual es el camino. Y sin ti, mi estrella, no sé cómo regresar a casa.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Historia de dos jóvenes y sus almas.

-Dame la mano. Las tienes frías. ¡Te encuentras bien?- Pregunté agarrando sus manos.
-Sí, perfectamente.- dijiste con voz dulce y compungida.

El abrazo es lo que viene después. ¡Cuánto se transmite con un abrazo! Pero no sé si conseguiré transmitirle todo lo que quiero. ¿Lo estará sintiendo? Creo que sí. ¿Y si no? Vaya, en vez de disfrutar del abrazo sólo hago pensar en tonterías. Y acaba el abrazo.

-¿Te ha pasado algo en clase?
-No, no me ha pasado nada.-respondiste con voz angelical.

Menuda mirada. No sé cómo puede incidir tantísimo su mirada. Además me transmite confianza, cariño. ¡Qué bonitos ojos! Me fijo todos los días y hoy es como si no los hubiera visto nunca. La rutina no surte efecto en estos detalles. ¿Se estará dando cuenta de lo que le quiero decir?

-Sabes que puedes contarme cualquier cosa.-afirmé.
-Lo sé. Y la verdad tengo miedo de...
-Calla, no digas de qué, no es necesario. Sé de qué tienes miedo.

Es su cuerpo de sílfide. Gran cuerpo de musa es el que mueve mi interior. Sé que me tengo que ir un momento a hacer un par de cosas, pero no quiero. Ahora no quiero separarme de tu cuerpo, de ti. No quiero ver cómo tu cuerpo se queda vacío sin mí a tu lado. No, podrías pasar frío ahora que estabas empezando a entrar en calor. No puedo ir sin decírselo.

-Creo que te quiero, que estoy enamorado de ti y de tus sonrisa, tu mirar y tus palabras. Que eres lo primero que pienso al levantarme. Que un día no hablo contigo y todo me afecta para mal. Que te necesito más cerca de lo que crees. Y sí, yo también tengo miedo.- dije sin dudar mientras algo en mi interior se agitó. Subieron las pulsaciones de golpe, algo había hecho y no sabía sus consecuencias. ¿Había hecho bien en decirlo? No sé, sólo sé que lo hice.

Ella miró asombrada y...

Silencio. El silencio una vez más se adueñó del momento.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Dama a C7. Su turno.

Una habitación mal iluminada. Un boli y un papel encima de una mesa de escritorio bajo la bombilla. Parece mentira que mis drogas se hayan concentrado en dos elementos tan simples como éstos. Cualquiera podría pensar: ¿Y qué hay de malo en ello? No perjudica tu salud física. Sí, es cierto, lo más que puede producirte es un cansancio de espalda y, si la silla es cómoda, ni eso. Pero hay un daño mucho peor que el físico. Un boli y un papel son mi tabaco, son mi alcohol. Son mis maneras de evadirme para olvidar y, como siempre sucede, lo más que consigues es recordar por qué son tus drogas. Intentas salir pero tienes miedo de vivir sin sentimientos. ¿Adicto? Llámalo así. Y todo por tu culpa. Tú eres la causante de toda esta catástrofe. Por ti escribo cada día y sigo animado a continuar.

Voy a sentarme en esta silla. Ahora puedo escribir la frase más alegre o la frase más melancólica. Y sólo tendré que realizar un par de trazos. Ahora puedo explicarte lo que siento vistiéndolo de hobby. Y que todo lo que escriba sea un par de frases sin más trascendencia que relajarme un momento. Podría hacerlo, y sin embargo no lo hago. Podría decirte que todo esto es mentira y, ya ves que no lo hago. Mueve entonces tú la balanza hacia donde sientas que se inclina.

Da igual cómo lo escriba mientras aparezcas tú.

Bonito día para salir a la calle. Nubes negras, frío polar y viento huracanado. Perfecto día de bohemio. Hoy no saldrá a la calle y tendré tiempo para pensar en mí sin verla y no en ella doliéndome. Sí que me ha afectado esto de quererla. Donde antes compraba vodka, ahora compro soledad y donde antes compraba cigarros, ahora compro conversaciones contigo. Sí, conversaciones teñidas de esperanza, de ese marrón esperanza. Y ahora puedo hablar de verde como fruto de esa esperanza teniendo sólo que esperar tus respuestas. Esto del amor me hace más humano, más sano y menos cuerdo. Mi mundo ideal se va pareciendo cada vez más a mi realidad. Mas no puedo pensar de forma tan optimista. Tendría que hablar de drogas, de movidas, de crítica. Y sin embargo aquí me tienes, hablando de lo mucho que siento no por la sociedad sino por ti.

Reconozco tu voz con tan sólo un monosílabo o un vibrar de las cuerdas de tu lira gutural. Lira que me hace delirar y consigue un efecto contrario en mí que en los demás. Despierta un sentimiento de alegría, de esperanza y prosperidad y de todo lo bueno imaginable e inimaginable, inmanente y trascendente.

Tu piel, otro factor clave en la construcción de mis sentimientos. Ninfa del período clásico, musa actual de un poeta que no llega ni a lo mediocre. Pero no quiero hablar más de ella, sino con ella. Y ni las catástrofes o crisis podrán con esto. Si se quieren llevar mi casa, que se la lleven, o mi dinero, o mi ropa. Yo estoy tranquilo. A ella sé que no se la podrán llevar. Y podrán alejarla, sí, pero no será más que un alejamiento momentáneo porque, como bien ambos sabemos, los polos opuestos siempre, siempre se atraen.

martes, 2 de noviembre de 2010

Y es que el querer me sale solo.

Clandestino. Así es mi amor por ti. Sólo yo sé quien soy y cómo creo que eres. Sólo yo sé que te quiero. Sólo tú acaparas mi vida. Pero también solo estoy. Solo vivo y solo duermo. Solo pienso y en soledad me hiero. Cual preciosa ilusionista te encuentro. Cual terrible destino advierto. Cualquier día despertaré y de amor me volveré a recostar, pero por más tiempo del que estimas cuando quieres descansar. Parece verso y es prosa. Pareces inofensiva pero sin querer puedes lastimar. Ni tú eres Leonor ni yo Machado. Ni tampoco quiero que lo seamos. Tan trágico destino, por muy bello que sea, no lo deseo. Dejaré pues de hacer poesía sin querer mas como mi amor por ti, imposible parece ser.